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Los textos serán publicados en el idioma de origen del autor.

A medida que pasa el tiempo, la finalidad de "De rodillas..." me parece menos confusa.

 

"De Rodillas, el legado sin Gloria" es un proyecto que, luego de tantos años de negación y distancia, surgió al enfrentarme a mi cólera y mi impotencia frente a lo que sucede en El Salvador: la inconsistencia de una Paz que luego de 25 años, seguimos sin consolidar de manera íntegra y justa, y de la que todos somos culpables, los que nos fuimos, los que se quedaron, los que siguen matando, los que solo esperan ser asesinados, los que nos gobiernan y los que somos mal gobernados.

Podemos no estar de acuerdo y las luchas que unos y otros decidimos de afrontar, difícilmente provocarán una cohesión que nos permita organizar una resistencia cuyo rumbo sea lograr una solución duradera, honesta y digna a la precaria paz que un día nos prometieron. El Arte es (también) un instrumento de protesta y una herramienta de intervención social. Frente al Status Quo, “el arte es una solución. Es el signo de la cultura y la cultura es lo que da consuelo frente a la certeza del caos y a la contundencia del horror que viene ocurriendo desde hace muchísimo tiempo. La cultura es un analgésico, no un anestésico. La cultura es lo que da serenidad frente al desastre".

La resistencia al cambio de nuestros actuales mecanismos de gobierno, es para mi una de las principales causas del desmoronamiento social que nos impide ser Grandes, y nos mantiene embriagados de tanta vulgaridad y mediocridad intelectual, social, económica y cultural, que parecen hoy normales y de la que muchos salvadoreños se sienten orgullosos. ¿De qué me siento yo orgulloso al ser salvadoreño?...

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"De Rodillas, el legado sin Gloria" es también una Historia de AMOR. La de Ahtzic, un niño que se enamoró de Gloria, su compañera de clase en el colegio San Agustín de Usulután. Si pudiera retroceder en el tiempo, le diría cuanto la amaba... Pero no se puede, así que entre estas lineas, se encierran también poemas, caricias, besos, paseos, risas y declaraciones que nunca existieron, que nunca compartimos, que nunca tuve el valor de manifestar. 

Yo creo que al final, "De Rodillas..." es eso, la oportunidad de ponerme de pie y expresar lo que pienso sin que el MIEDO entorpezca mis intenciones, que buenas o malas, son sinceras. Porque yo amo a mi país, así como ese niño que aún llevo guardado en el alma, sigue amando a Gloria, su niña de los domingos de misa. Sentado en la puerta de mi casa junto a mi abuelita Herminia, yo esperaba que Gloria pasara, ella supuestamente indiferente a la ternura y el deseo que yo puntual y fielmente le dedicaba... 

Autor: Ahtzic Silis

¿Cuál es la ideología que gobierna a El Salvador?

 

Ninguna.

 

"De Rodillas, el legado sin Gloria", es una obra participativa compuesta de afiches, videos, textos, talleres e intervenciones que ilustran las debilidades y consecuencias de las políticas gubernamentales de posguerra, frente a las necesidades básicas de salud, educación y justicia de muchos salvadoreños.

Como impulsor de este proyecto, intento dar un paso atrás para enfrentar esa relación tan extraña y dolorosa que tengo con mi país. Yo soy lo que soy gracias a El Salvador, pero también por culpa de El Salvador. Cada palabra, cada imagen, e inclusive el nombre de Gloria, la niña que tanto quise, tienen un profundo significado en esta confrontación con la sociedad que decidí un día abandonar, pues nuestra guerra civil, la frágil transición de paz y el desastre actual de las transformaciones de posguerra, a muchos nos obligaron a emigrar y se convirtieron inevitablemente, en mi primer ritual que jamás pude resolver.

Si yo no amara a mi país, podría seguir dándole la espalda indefinidamente; pero duele aceptar que paradójicamente, la fragmentación de nuestro pueblo se agudizó luego de los acuerdos de paz de 1992. Ni mi discurso, ni mis garabatos cambiarán la realidad de nadie en El Salvador; desgraciadamente una de las debilidades de mi proyecto es que yo no propongo soluciones, pues no las conozco. Solamente señalo las fallas de nuestro estado, desde una visión fraccionada, incompleta y parcial, decorada con recuerdos contaminados. Como cada salvadoreño, me enfrento sin ninguna ayuda a las consecuencias de la violencia indomable y multiforme que nos destruye desde el interior. Violencia de la que todos somos culpables, y que solo juntos podremos resolver.

La presente es una invitación al duelo, al llanto, a la PROTESTA, pero es igualmente una incitación a calcular e inventar las nuevas reglas, los nuevos límites, principios y normas que nos conviertan en personas preparadas para construir sociedades ricas, legítimas y justas, capaces de hacerle frente a los nuevos conflictos sociales que se avecinan. Una invitación a proponer alternativas, desde nuestras propias realidades de ciudadanos, para imaginar la manera de avanzar en los próximos años y evitar que los peligros de la ignorancia, la polarización política, el racismo, los movimientos migratorios, la corrupción, el  terrorismo, el miedo, etc., no sean los únicos parámetros que determinen el futuro y la "salud" social, cultural y económica de nuestras naciones. Imaginemos los códigos de un nuevo diálogo que permita la implementación de sociedades más tolerantes y abiertas, libres de renovarse manteniendo sus atributos esenciales, pero orgullosas, no sólo de su pasado, sino también de su destino.

Yo nací en tiempos de guerras y temores heredados, en tiempos oscuros de silencios fabulosos, que solo escuchan las almas olvidadas... Nací cuando un guerrero de obsidiana y una selva virgen se adoraban a escondidas, en una noche de amor, atravesada por épocas de sangre, muerte y esperanza... Nací mientras se refugiaban en la versión clandestina de un cuento donde hay pasajes que no puedo contar, que me da miedo contar... Pues por amarse, el Cielo los castigó con toda su furia y los condenó a morir separados en el tiempo.

 

Yo soy latinoamericano. Soy salvadoreño. Ahora también soy un inmigrante más, separado de su tierra. Pero aqui estoy, queriéndola un poquito... así como aquel niño quería a su Gloria, con un amor indefenso, solitario y escondido, eternamente fiel en sus tardes de domingo. Si pudiera retroceder en el tiempo, le diría cuanto la amaba.

Autor: Ahtzic Silis

Desilusiones.  
 

El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) es un partido político de centroizquierda/izquierda que fue la principal fuerza política de oposición de El Salvador entre 1992 y 2009.  

 

Tomó su nombre del dirigente comunista Agustín Farabundo Martí, delegado del Socorro Rojo Internacional y principal organizador de la insurrección campesina e indígena de 1932 contra el Gobierno del General Maximiliano Hernández Martínez. Dicho levantamiento fue una mezcla entre protesta e insurrección que acabó en etnocidio. Martí fue fusilado el mismo año de la rebelión por la Policía Nacional.

 

El FMLN fue creado el 10 de octubre de 1980 como un organismo de coordinación de las cinco estructuras político-guerrilleras que participaron en la guerra civil entre 1980 y 1992: las Fuerzas Populares de Liberación "Farabundo Martí" (FPL), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), la Resistencia Nacional (RN), el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC) y el Partido Comunista Salvadoreño (PCS). Todos grupos clandestinos que combatieron contra el gobierno militar, bajo el manto de un proceso de lucha del pueblo salvadoreño para la construcción del poder popular. El éxito de estas organizaciones políticas y sociales, residió en aglutinar entre sus filas a hombres y mujeres de distinto signo social, decididos a construir una nueva nación: democrática, revolucionaria y socialista. El compromiso y la determinación por parte de las organizaciones revolucionarias, para derrotar la dictadura militar de aquel momento, aceleraron la crisis del modelo político y económico nacional.  

 

Un elemento detonante que marcó el inicio de la guerra civil, fue el nombramiento del Mayor Roberto d'Aubuisson como Presidente de la Asamblea Constituyente formada tras las elecciones de 1982. D'Aubuisson, fundador del partido anticomunista ARENA (Alianza Republicana Nacionalista), es considerado como el principal dirigente de los Escuadrones de la Muerte, grupos paramilitares que antes de pasar a la clandestinidad pertenecieron a los servicios de inteligencia de las fuerzas del orden (cuerpos de seguridad y fuerzas armadas). Conformados por militares, policías sin uniforme y civiles, ejecutaron acciones de asesinato, secuestro, extorsión y amenazas en contra de opositores políticos o sospechosos de serlo.  

 

En respuesta el FMLN extendió la guerra revolucionaria a todo el país y estableció a partir de 1983, “zonas bajo control” y “zonas de influencia”, demostrando ser una fuerza militar y política de gran peso, capaz de convertir el conflicto salvadoreño en una guerra civil. El desarrollo e intensificación del combate permitió el avance de la unidad al interior del FMLN. Las cinco organizaciones emprendieron la ejecución de líneas y planes elaborados por la Comandancia General, superando los obstáculos de la lucha armada y madurando la idea de un partido unificado, tanto entre la dirigencia, como entre las y los combatientes. Las victorias militares de aquel momento, fueron posibles por el sentido de unión para el cumplimiento de las estrategias e ideales comunes. 

 

Doce años mas tarde, la lucha armada desemboca en el diálogo con el Gobierno, conquistando la firma de los Acuerdos de Paz el 16 de enero de 1992 (Chapultepec, México). Se culmina de esta manera la estrategia político-militar del FMLN. Hubo fiesta en cada rincón del país, el pueblo salvadoreño celebró la consecución de un nuevo paso en la democratización de toda una nación. Ese día simbolizó el salto de la trinchera guerrera a la beligerancia política. Con la firma de los Acuerdos de Paz se puso fin a sesenta años de dictadura militar y se lograron valiosas conquistas en el ámbito de la reestructuración de los cuerpos de seguridad, así como en la construcción y el fortalecimiento de una institucionalidad democrática, que hasta ese momento era desconocida en El Salvador.

 

Pero la paz debilitó al guerrero. A partir de esa fecha, el "nuevo" FMLN tuvo que transformar sus estructuras y fuerzas diseñadas para la guerra, en doctrinas que funcionaran en un esquema de lucha política y social, capaces de enfrentar al partido ARENA en el terreno democrático. Batallas internas, ideologías distintas, fuerzas milicianas desfasadas, opacidad del programa de gobierno, y estrategias electorales frágiles dieron cuenta del FMNL político. Poco después de la guerra el Frente adolece de unidad, de cohesión y de credibilidad, frente a todo un pueblo en espera del CAMBIO prometido.

En marzo del 2009 muchos salvadoreños ejercieron su voto con la esperanza y la ilusión de que "algo" iba a cambiar, "ALGO" TENÍA QUE CAMBIAR luego de tantos años de carnicerías gratuitas, injusticias, abusos, conspiraciones y despotismo impuestos por los gobiernos del partido ARENA (1989 - 2009). Ese día el pueblo salvadoreño hizo uso de la democracia ganada con tanta sangre, para entregarle la presidencia a un candidato que parecía moderado: no había sido combatiente y siendo un periodista confrontativo con las injusticias y la corrupción en el país, había ganado la confianza general (inclusive de ciertos grupos de derecha).

El pielago de banderas rojas que celebraron el triunfo de la izquierda revolucionaria, fué un momento histórico que le permitió a mucha gente llenarse de alegría, gloria y esperanza. A partir de ese momento las cosas serían diferentes. Los fieles, los entusiastas, los más necesitados, los más frágiles, los olvidados, los más pobres de los pobres, todos ellos les regalaron sus almas, mentes y corazones a Mauricio Funes y al FMLN. 

¿Esa nueva fase del FMLN, inspirada en guerrilleros que entregaron todo por ideales, ayudaría a cambiar el torcido rumbo del país ?


¿Cómo no esperar que aquellos que se decían "Comprometidos con los Principios", cumplieran con la promesa de ese Cambio? 

¿Qué sucedió en el camino?

 

Hoy la evaluación es amarga, se hizo más de lo mismo o peor: el Poder corrompe y la corrupción deshumaniza. De la manera más inescrupulosa y vulgar, se beneficiaron los de siempre, los intocables, los todopoderosos. La pobreza y la violencia siguen siendo el pan nuestro de cada día. Para muchos de nuestros compatriotas, la cotidianidad de la muerte y la inseguridad, generan una normalización inhumana con consecuencias y estragos psicológicos graves. Mientras que nuestros dirigentes, los verdaderos causantes de este desastre (poco importa si roben, maten y/o cometan cualquier acto de barbarie), evaden la responsabilidad por el desmoronamiento social que sufre el país, gracias al uso asqueroso y taimado de los privilegios que otorga el morboso acceso a las esferas de Poder que los protegen, y que, para colmo, un día tanto criticaron y combatieron. 

El Salvador ha llegado a un máximo del cansancio al que se puede someter a un explotado; se descompone por el vértigo que produce habitar los círculos de violencia que parecen interminables; se consume en la desconfianza y la sospecha mutua de nuestras clases sociales marcadas, como siempre, por la indiferencia y el valeverguismo que caracteriza nuestro sinsentido de nación. Lastimosamente los causantes pasivos de todo esto seguimos siendo nosotros, los que votamos, los que seguimos viendo todo lo que sucede desde nuestras pantallas. Los que no nos levantamos ni reclamamos, asumiendo una ignoracia mezquina alimentada por un fanatismo ideológico que nos divide y nos vuelve intolerantes y agresivos. 


Sin diálogo no hay Nación. Si queremos que las cosas cambien, tenemos que hacer algo diferente que nos libere del mecanismo que nos obliga a luchar entre nosotros mismos. El Salvador se lo merece.

 

Autores: Julia Valencia y Ahtzic Silis

¿Y el CAMBIO a qué hora llega?

*Inmediatamente después de firmada la paz, el desmembramiento de las facciones de izquierda (y sus compromisos revolucionarios), se convirtió en una disputa por el control de un aparato político con una imagen y un prestigio cimentados en el imaginario colectivo. La presencia del FMLN en la vida política legal era de los más atractivo para un electorado cansado de los partidos tradicionales; además, las hazañas militares del Frente --y toda la mitología que se había tejido en torno a sus comandantes y combatientes-- daban cabida a las esperanzas más insospechadas acerca de lo que el partido de izquierda podría hacer --con audacia y valentía-- una vez que contara con una cuota de poder significativa en sus manos. 

*Curiosamente (hoy), cada vez que se abre un período preelectoral, cuando los esfuerzos partidarios deberían encaminarse a trabajar en serio por las figuras y los proyectos, en el seno de la izquierda estallan conflictos que le impiden abocarse de lleno a la formulación de una propuesta aceptable para el electorado. En el fondo, en el FMLN hay un problema de ajuste de cuentas con los valores y compromisos que se abanderaron en el pasado. Hasta ahora, el Frente no se ha sometido a un esfuerzo responsable de autoevaluación que, seguramente, le ayudaría a replantear no sólo sus principios más queridos, sino a ponderar la capacidad real de sus actuales líderes para llevar adelante la necesaria refundación institucional (y establecer nuevamente una "cierta" unidad estratégica, política e ideológica).

 

La izquierda salvadoreña, vaciada de los aspectos de fondo y forma que hicieron de ella una imbatible guerrilla (legítima detractora de los otrora oligarcas que dejaban morir de hambre al pueblo), solo busca ahora apropiarse, a como dé lugar, del discurso y la estructura de Poder para vivir como remedo de burgueses. Caemos así en el mismo círculo de pillaje denunciado por el reverendo Timothy Healy: "El Salvador, un pueblo agrícola que se muere de hambre mientras cultiva una tierra rica, y de terratenientes lejanos o ausentes quienes chupan la tierra hasta secarla, sin devolver nada a ella o al pueblo, y que viven a una distancia segura y protegida".

 

*(Párrafos tomados del texto "El FMLN y ARENA: ¿crisis interna o reajustes partidarios?", de Luis Armando González)

La Izquierda y la Derecha en El Salvador son instituciones ideológicas provenientes de estructuras político-militares (ejército revolucionario versus ejército regular-paramilitar), transformadas hoy día en maquinarias electoreras intolerantes, decadentes y dogmáticas, formadas de dirigentes con pobre o nula formación política, cuyas "virtudes" (creatividad conspirativa, convicciones ideológicas inamovibles, contundencia argumentativa), los vuelven incapaces de afrontar adecuadamente los retos de la inseguridad y progreso social de la nación.

Autor: Ahtzic Silis

La Llorona.

América Latina es un ejercicio narrativo, escrito con tinta negra sobre papel negro. Su historia es el resultado de una eterna confrontación entre sus herencias impuestas, rupturas, promesas, esperanzas y sus leyendas de revoluciones y libertad. América Latina es el País de las Maravillas surrealistas, exuberantes, coloridas, ingénuas y excesivas, un río desbordado y desbordante, un flujo incontrolable en el que nos encontramos atrapados.

Incapaz de proyectarse a la escala mundial, sus horizontes siguen siendo un espejismo. Su trayectoria esta determinada por "modelos" opresivos que van de la riqueza a la fantasía de la modernidad. Asi como por códigos materiales, diplomáticos, económicos y subersivos impuestos por las clases dominantes que nadan en el lujo y la ociosidad. Aún cuando Latinoamérica comparte junto a otras regiones las mismas angustias, carencias, insolvencias, privaciones y violaciones cotidianas, el resto del mundo no se interesa en ella (en el mejor de los casos) más que desde un punto de vista exótico, pero envuelto cuidadosamente con una capa de desprecio muy compleja que le permite mantenerla al margen, multiplicando así las barreras y fronteras edificadas por el ser humano para marcar su territorio y protegerse del otro, del bárbaro.

Encerrada en sí misma, furiosa y vulnerable, la sociedad latinoamericana se nutre de una catarsis perpétua que genera las violencias permanentes, los cambios sin fin y las desigualdadaes sociales que mantienen viva la tensión colectiva de todo un continente, en donde la miseria, el hambre, la emigración y la soledad intelectual siguen vigentes.

Autor: Ahtzic Silis

Espectáculo macabro.

 

El fin de la guerra civil que mantuvo al país doce años en una profunda crisis política y económica, dejó un saldo de más de 75,000 muertos, 10,000 lisiados y heridos, 12,000 desaparecidos y alrededor de 1,800,000 emigrantes (un tercio de la población en 1992).

 

Las cifras oficiales contabilizan más de 55,000 asesinatos en los últimos quince años. Según lo que muestran los principales indicadores sobre el estado de salud de la nación, los salvadoreños nunca tuvimos mejores probabilidades de morir asesinados que durante el año recién pasado (2015).

 

Veinticinco años han transcurrido y las causas estructurales que originaron el conflicto armado no se han resuelto totalmente, pues lastres como la pobreza, la impunidad, la crisis económica y la inseguridad siguen lastimando a la población en general. Nuestro país se encuentra pagando el precio de no haber seguido el rumbo que trazaron las negociaciones de los acuerdos de paz que siguen sin cumplirse, ni adaptarse y mucho menos hacer frente a las nuevas formas de violencia, exclusión y generación de miseria. Incontestablemente el problema persiste y ocultarlo con la búsqueda de dinero y la panacea del desinterés y el olvido no es la solución.

 

La guerra exigía menos calidad en el gobierno, pero una sociedad democrática que pretende vivir en paz, necesita de nuevas formas de hacer política de interés nacional que le restauren su Gloria, y la vuelvan menos mezquina, brutal, humillada y alcanzativa.
 

 

Toda sociedad posee una mezcla de majestuosidad y vulgaridad que le permite acomodarse a la historia y escribir sus propias versiones. La salvadoreña no es una excepción, y a su manera se enfrenta al desastre de sus mecanismos internos que han creado una situación en donde las opciones más "fáciles" para mejorar económicamente, son delinquir o emigrar. En busca de salidas de emergencia que nos salvaran de una muerte segura, nuestra mentalidad ladina (asociada a una cultura a favor del uso de armas de fuego, al método de la confrontación y a una subvaloración de la vida humana) optó por expatriarse, irrumpir y chocar con el muro de basura del American Way, creando así uno de sus escombros mas visibles: las maras, organización internacional de pandillas criminales asociadas que se originaron en Los Ángeles y se han expandido a otras regiones de Estados Unidos, Canadá, México, el norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador, Honduras) y en el sur de Europa (en Italia y España).

 

Estados Unidos deporta a El Salvador entre veinte y treinta salvadoreños al día (más del 50 % de estos son convictos por delitos), danza macabra que sumada a la sobrepoblación y nuestros pobres marcos institucionales, nos enfrenta a un escenario del que penden nuestras miserias como marionetas. Sin embargo, la violencia y el caos nuestro no se inventan: mareros somos todos, nuestra chusmería y mediocridad provienen también de lo que somos estructuralmente como pueblo. Lo que no impide que utilicemos nuestra fuerza, ingenio y talento para detener la epidemia que gangrena a diario, las oportunidades que tendrán las nuevas generaciones para sacar nuestro país adelante, e impedir así, que sea un legado de terror el que se convierta en la fachada definitiva y absoluta de nuestra cultura.

 

Autor: Ahtzic Silis

Vía Dolorosa.
 

En las fronteras los migrantes son mercancía, no son más que dinero que se gana o se pierde en función de la utilidad que representan para la policía corrupta y el crimen organizado, quienes los explotan y utilizan como blanco: carne de carroña que finalmente termina cubierta de tierra maldita, perdida en la memoria de una tragedia transnacional.

Indocumentados desaparecidos, cadáveres sin reclamar, tumbas sin nombre, cuerpos mutilados, violaciones, secuestros y una posición incoherente y atentatoria a los derechos humanos como filón en sus políticas nacionales de reducción de los flujos migratorios (de parte de Estados Unidos y México), rodean el destino de los que buscan la salud, la felicidad, la abundancia y la seguridad que jamás hubieran encontrado ni en tres vidas en sus países natales.

A fines de la década de los 70, comienza en El Salvador una ola migratoria que eventualmente se convierte en un verdadero fenómeno social sin precedentes. El pueblo salvadoreño, originalmente empujado por el conflicto civil que cobró la vida de más de 75,000 personas a lo largo de doce años, no ha dejado de migrar pese a la firma de los acuerdos de paz en 1992. Es una realidad incoherente, que Estados Unidos sea el país que está proporcionado la mayor fuente de empleo para nuestra economía, lo que significa que El Salvador depende aún del trabajo que desempeñan a diario miles de salvadoreños en el país del Norte. Los gobiernos de nuestro país no se preocupan porque la población tenga una vida digna: escapar del desempleo, la pobreza, las deudas, la inseguridad, las extorsiones, la inflación, la corrupción, la violencia y la justicia, son algunas de las razones que la motivan a iniciar ese viaje que muchas personas terminan bajo tierra.

Autor: Ahtzic Silis

Aucune lumière ne peut vaincre les ténèbres.

Forte de son imposante civilisation et de ses combats humanistes, la société européenne incarne de nos jours un culture de confort abouti : l'Etat cocoone ses concitoyens et se présente comme modèle avéré pour d'autres disciples. Jusqu'au boutisme apparemment car ce bien-être réjouissant semble bien dissimuler un certain complexe de supériorité. Curieux mal dont souffrent nos démocraties qui, aveuglées par les commodités, n'arrive plus à appréhender la notion de souffrance. Il suffirait de hiérarchiser les états de mal-être divers et de les soigner en conséquence afin de les rendre plus tolérables. Le peuple souverain se montre alors intraitable avec qui osera prendre à contre-pied son remède démocratique. Mais combien de temps encore les fiers piliers de l'Europe tiendront-ils face aux zones de turbulence qui s'étendent jusqu'au-delà de ses propres frontières ?

Ignorante des nécessités et des besoins, mais aussi des avantages, particularités et attributs de tous ces peuples qui rêvent utopiquement d'un monde meilleur, l'Europe possède et dissimule un déséquilibre constant, qui la présente à mes yeux comme un modèle précaire et improbable de développement cohérent et universel. En habitant en France, je me suis rendu compte que l'état ne dépend pas de l'Etat. Vieille et fatiguée, incapable de se renouveler et d'accueillir ses nouveaux "locataires", elle s'accroche à un vide glorieux de l'évolution, qui ne cesse de juger le comportement de tout ce qui lui parait apatride ou profane. Au lieu de méditer sur la façon de mélanger et associer ses richesses culturelles, celles-ci restent enfermées dans les quartiers des grandes villes où vivent les minorités mal intégrées à la société.

Le système proclame une distinction nette et nous attribue arbitrairement une place censée être notre. Ce processus nous installe devant nos contraires et nous assujettit à l'enclave d'un message arrogant de l'inculture de la culture. Difficile alors de songer à une réflexion à l'échelle mondiale qui nous empêchera d'être la cible de nos omissions et méprises.

Il sera toujours plus facile d'absoudre ses péchés chez un psy, prévoir l'avenir dans la silhouette d'une bonne retraite, de faire un don pour dissimuler nos barbaries ou engager le tourisme d'aujourd'hui, comme la traduction postcoloniale de l'exportation d'un modèle qui se veut le plus respectueux des Droits de l'Homme.

 

Ahtzic Silis

Duelos.

 

El aumento alarmante de violaciones sexuales y asesinatos de mujeres y niñas en el Triángulo Negro (El Salvador, Guatemala y Honduras) se asienta:

- en el machismo y la cultura del odio contra las mismas.

- En el fracaso de los sistemas judiciales que promueven la impunidad y el despotismo

- En el confuso rol del empoderamiento o la sumisión de la mujer que promueven respectivamente los progresistas y biempensantes (que más que agendas sinceras para la mediación y la resolución de conflictos entre ambos sexos, lo que defienden se determina primordialmente por sus intereses económicos, casualmente disfrazados de valores).

- En el alto nivel de ignorancia que las reformas educativas han sembrado luego de tantas décadas de intentos fallidos para lograr lo que nuestra Constitución preceptúa: “La educación tiene los siguientes fines: lograr el desarrollo integral de la personalidad en su dimensión espiritual, moral y social; contribuir a la construcción de una sociedad democrática más próspera, justa y humana; inculcar el respeto a los derechos humanos y la observancia de los correspondientes deberes; combatir todo espíritu de intolerancia y de odio; conocer la realidad nacional e identificarse con los valores de la nacionalidad salvadoreña; y propiciar la unidad del pueblo centroamericano” (art. 55).

 

Pero independientemente de sus causas, consecuencias y posibles soluciones (como muchos de los problemas que reflejan el estado actual de nuestra sociedad), la violencia de género y su complejidad, ha venido a establecer un Nuevo Orden de violencia en el que por razones diversas, nos encerramos en odios mutuos que impiden el diálogo de los actores responsables de una reforma justa y permanente, radicalizando cada vez más los discursos y posturas de las víctimas y sus victimarios. La sociedad salvadoreña se pierde cada vez más en antagonismos que nos oponen como ciudadanos, como familia, como seres humanos, creando contínuamente enemigos absolutos que solo buscan humillarse y suprimirse: la derecha contra la izquierda, los hombres contra las mujeres, las dignas contra los indignos, las maras contra las maras... Todos ellos oponentes poderosos e impulsivos. Todos ellos rehenes de creencias y costumbres que profundizan una brecha social, la cual fabrica enemigos irreconciliables.

Autor: Ahtzic Silis

Herencias.

 

Cuando un gobierno no se alarma, ni se incomoda por el estado de la Cultura y al Arte Nacional, y en lugar de ello lo relega, lo degrada y hasta lo "desaloja" literalmente del espacio que este ocupa, podríamos pegar el grito en el cielo y desgarrar lo poco de vestiduras que aún quedan del nacionalismo, del patriotismo, de la responsabilidad (o sea lo que sea) que creemos tener que adoptar como salvadoreños.

La amenaza de expulsión del Museo Forma, la destrucción del mural de Fernando Llort en catedral, la costrucción "oficial" de una serie de monumentos espantosos en honor de una PAZ que muchos nunca han vivido (ni vivirán), etc., son ejemplos de un mecanismo socio-político desvergonzado e indecente que se ha instalado a través de los años, sin que nada ni nadie pueda detenerlo. Muchos escriben, muchos protestan, muchos lloran, pero nada cambia concretamente y nuestras instituciones políticas, económicas y religiosas siguen creando fuera y dentro del país, ambientes nocivos de convivencia y desarrollo, que condenan por igual a hombres, mujeres y niňos indefensos. ¿Qué hacer entonces?

Abandonar la fe en los procesos electorales y tomar la vía del levantamiento armado fue la elección de la generación que vivió en carne propia la dictadura militar. El resultado fue una guerra civil que nos dejó a todos mutilados, pues nos segimos matando hoy que la supuesta paz nos cobija. 

¿Qué hacer entonces ahora, pues es evidente que lo que "hacemos" no es suficiente?

¿Cómo salimos de este laberinto?

¿Porqué parece que las leyes que deberían de proteger nuestros intereses comunes como pueblo, tienden a arrinconarnos contra el muro de los beneficios y las ventajas que solamente se adjudican los poderosos e incompetentes dirigentes, funcionarios y empresarios de nuestro país?

¿Porqué las "autoridades" que deberían de proteger nuestra herencia y bagaje cultural no cumplen con sus obligaciones?

¿A nosotros realmente nos importa el devenir y el acontecer de nuestro patrimonio, si la verdad es que más de la mitad de la población desconoce lo que ello significa, y sobre todo, ignoramos lo importante que es para una nación reconocerse y apoyarse en su MEMORIA (tangible e inmaterial) para poder evolucionar?

 

¿Son solamente las pupusas, un futbol mediocre, un vocabulario, un feminismo exacerbado, un machismo anclado, una guerra civil y las maras las que definen nuestra idiosincrasia frente al mundo y a nosotros mismos los salvadoreños? Me gustaría creer que no.

¿Y qué es lo que "somos" y nos define como salvadoreños? Yo no recuerdo haber recibido durante mis años de colegio (o universidad), una lección/cátedra que me permitiera hoy responder esa pregunta. Globalmente a nadie le ha importado desarrollar un proceso educativo que nos moralice, nos responsabilice, nos una y nos oriente hacia direcciones que nos permitan reconocer la procedencia y las raíces de las bases de lo que hoy podríamos llamar "identidad". Sin esas bases, ¿con qué derecho exigimos respeto a los ignorantes que nos gobiernan, o peor aún, desde que perspectiva comenzamos una reconstrucción de algo que nunca hemos fabricado?

Si lloramos por el arte en peligro de desalojo, deberíamos temblar de vergüenza por el olvido y desconocimiento total que tenemos sobre nuestra literatura, nuestras leyendas, nuestros cuentos, nuestros pueblos indígenas, nuestro mestizaje accidentado, nuestros combates libertarios, nuestros vínculos obreros y campesinos, nuestros héroes (y no hablo de los pinches próceres), nuestras víctimas y sus verdaderos victimarios... La ignorancia y el obscurantismo sembrados pacientemente durante tantos años de malos gobiernos (sumados a la apatía y flojera colectiva), han dado como resultado una raza de ciudadanos dedicados a saquear lo poco que nos va quedando de orgullo y fortaleza. No es una casualidad que de todos los inmigrantes, fueran los salvadoreños quienes con su resistencia y su furia, impusieran su ley y su orden en el universo tan complejo y violento de las pandillas en Estados Unidos, a tal punto que hoy día, las maras controlen barrios enteros dentro y fuera de nuestras fronteras. Así es, mareros somos todos, eso nos identifica. Da miedo verse reflejado en ese espejo fúnebre que legamos a las nuevas generaciones.

Lo que si sé es que no somos esa izquierda y esa derecha descalabradas que nos polarizan, pero que parecen ser eternas e intocables. Además de no ser vigentes, sus discursos ilegítimos estan llenos de adulterios y mentiras. ¿Por qué seguir creyendo en sus falsas promesas si sus modelos han fallado y colapsado llenándose de sangre? Sin embargo, nos siguen embrujando con humo de incienso y copal mezclado con el aroma de sus compromisos olvidados, compromisos sagrados que con el voto de los ciudadanos, debieron de ser obligatoriamente ejecutados hace muchos años.

Autor: Ahtzic Silis

El Mozote.

 

Presidentes, esposas de presidentes, diputados, ministros y toda una gama de funcionarios al servicio de la sociedad salvadoreña, han desviado, robado y dilapidado en las últimas décadas, millones de colones y dólares destinados originalmente a la reconstrucción, mantenimiento, recuperación y/o desarrollo de programas y proyectos que de haber sido implementados, serían hoy día probablemente las bases del soñado CAMBIO que esos mismos funcionarios nos vienen prometiendo en sus diversas y folklóricas campañas electorales.

 

Poco importa el color de la bandera ideológica que los ampare, todos y cada uno de ellos nos han despojado de un porvenir digno como pueblo. Ya sea por miedo, por avaricia, por holgazanería, por concupiscencia, por ignorancia, han permitido que la corrupción y el vicio se instalen en el seno del Estado, estableciendo mecanismos impresionantes de olvido y depuración del DEBER, del COMPROMISO y de la MORAL. 

 

Con un atrevimiento histórico, presupuestos de desarrollo social, cultural y económico se declaran inconstitucionales, mientras cantidades extraordinarias de dinero se esconden en los bolsillos e intereses de personas, instituciones, partidos y empresas interesadas en mantener a la sociedad salvadoreña en el limbo del caos, la ignorancia, la muerte, la guerra y la pobreza. Mientras ARENA simula evolucionar su óptica feudal que nos percibe globalmente como "pobres" campesinos iletrados, y el FMLN nos obsequia una ofrenda sincera de hipocresía revolucionaria, al pueblo nadie lo calcula, y a las instituciones nadie ni NADA las controla.

 

Luego de que el Estado salvadoreño pasara 11 años negando que hubiera ocurrido la matanza de El Mozote, y justo 31 años después de ocurrida, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) condenó a El Salvador por la muerte de más de mil civiles desarmados -450 de ellos niños- a manos de los militares en 1981, en la peor masacre perpetrada durante la guerra civil que sufrió ese país centroamericano de 1980 a 1992. El máximo organismo de justicia en materia de derechos humanos en el continente concluyó que El Salvador violó el derecho a la vida, a la integridad personal y a la propiedad privada, negando así a las víctimas y parientes el derecho a la justicia. 

 

El Tribunal ordenó, entre otras, las siguientes medidas de reparación: i) continuar con la plena puesta en funcionamiento del “Registro Único de Víctimas y Familiares de Víctimas de Graves Violaciones […] durante la Masacre de El Mozote”; ii) realizar las investigaciones de los hechos ocurridos; iii) asegurar que la Ley de Amnistía no represente un obstáculo para la investigación; iv) investigar la conducta de los funcionarios que obstaculizaron la investigación; v) realizar las exhumaciones necesarias y la eventual identificación de cadávares, así como, en su caso, la entrega de los restos de las personas ejecutadas a sus familiares; vi) implementar un programa de desarrollo a favor de las comunidades afectadas; vii) garantizar que las víctimas desplazadas puedan retornar a sus comunidades de origen, así como implementar un programa habitacional en las zonas afectadas; viii) implementar un programa de atención y tratamiento integral de la salud física, psíquica y psicosocial; ix) realizar las publicaciones correspondientes; x) realizar un documental audiovisual sobre los hechos del caso; xi) implementar un programa permanente y obligatorio sobre derechos humanos, dirigido a la Fuerza Armada salvadoreña, y xii) pagar las cantidades fijadas en la Sentencia. Asimismo, la Corte ordenó al Estado reintegrar al Fondo de Asistencia Legal de la Corte Interamericana la suma erogada para la tramitación del caso.

 

En enero del 2017, según el informe de avances del "Programa de Desarrollo Social Integral de El Mozote y Lugares Aledaños" de la Secretaria Técnica y de Planificación de la Presidencia (creado EN CUMPLIMIENTO A LA SENTENCIA DE LA CIDH EN EL “CASO MASACRES DE EL MOZOTE Y LUGARES ALEDAÑOS VS EL SALVADOR” del 25 de octubre del 2012), existe una brecha de financiamiento de más de 75% de un total de cincuenta millones de dólares necesarios para la ejecución de las obras de reparación programadas solamente para 2017. 

 

Dicho programa incluye entre otras, las siguientes medidas específicas de reparación:

 

- Mejoras en el sistema de las vías de comunicación públicas. 

- Acceso a servicios públicos de energía eléctrica, agua potable y saneamiento. 

- Proporcionar las condiciones adecuadas para que las víctimas que aún se encuentran desplazadas puedan retornar a su lugar de origen. 

- Atención médica, psicológica o psiquiátrica y psicosocial a las víctimas; y establecimiento de un centro de salud en un lugar accesible para la mayoría de las poblaciones. 

- Construcción de una escuela en un lugar accesible para la mayoría de las poblaciones. 

- Programa de becas para familiares de víctimas Institución. 

- Acciones para el rescate de la memoria histórica. 

- Fortalecimiento de las capacidades técnicas e infraestructura productiva para el desarrollo. 

- Construcción de un centro para adultos mayores Instituciones.

- Creación de un “Registro Único de Víctimas y Familiares de Víctimas de Graves Violaciones a los Derechos Humanos durante la Masacre de El Mozote”. 

- Indemnización a las víctimas reconocidas en la sentencia. 

 

Desde cualquier perspectiva dicho programa cumple con las exigencias antes planteadas, pero la lúgubre realidad (para los habitantes de El Mozote e indirectamente para la población en general), es que menos del 50% de dichos planes y medidas han sido puestos en marcha y los objetivos están muy lejos de ser alcanzados. ¿No son todas estas disposiciones, prioridades que deberían de predominar sobre todo tipo de interés personal o partidista? ¿No son todas estas disposiciones, ventajas de las que todos deberíamos de beneficiar en una sociedad que se dice vivir en "Paz" democráticamente?

 

En octubre de 2016, el expresidente Saca y sus funcionarios más cercanos fueron detenidos y acusados por la Fiscalía del uso arbitrario de fondos de la partida secreta de la Presidencia. Investigaciones detalladas de periódicos como El Faro, demuestran como la Presidencia de la República mantuvo entre 1994 y 2006 un registro paralelo al oficial para ocultar el verdadero uso de cientos de millones de dólares. Dos libros de contabilidad a los que El Faro tuvo acceso detallan cómo los últimos tres gobiernos de Arena utilizaron 322 millones de dólares, y más de la mitad de ese monto corresponde a cheques emitidos en favor de los ex-presidentes Armando Calderón Sol, Francisco Flores y Antonio Saca.

 

Uno de una infinidad de ejemplos de la calidad de mando y representación que nos damos el lujo de consentir. ¿Cuánto dinero se ha usado de esa forma en estos últimos 25 años? ¿Cuántas personas inocentes necesitan morir todavía para que El Salvador deje de reírse de sus víctimas? 

Autor: Ahtzic Silis

Fosas comunes.

 

No existe otro evento durante la guerra fría en Latinoamérica, que supere la magnitud de horror de la masacre de El Mozote: "…las antropólogas descubrieron esqueletos de niños de uno, dos, tres, cuatro años de edad. En los bolsillos de sus ropas no había balas. Había juguetes."

La capacidad de menosprecio de la vida humana y el talento de exterminio son parte de la naturaleza del pueblo salvadoreño. Desde los abusos de la República Cafetalera (1876-1931, élite económica que gobernó el país transmitiéndose la presidencia en forma directa), pasando por la dictadura militar de corte fascista (1931-1979, período de gobiernos autoritarios controlados por la Fuerza Armada y apoyados por los terratenientes cafetaleros), la Guerra Civil (1980-1992, docenio de acciones violentas perpetradas por organizaciones guerrilleras en respuesta a la serie de eventos represivos por parte del Estado y organizaciones paramilitares), hasta el período de la posguerra (en el que las maras, la corrupción y la polarización se han convertido en las nuevas expresiones de guerra urbana), hemos ido construyendo una memoria histórica indigna y humillante, basada en el culto a la muerte y la extinción de nuestra propia identidad. Educando en la violencia, atesoramos conductas en donde la represión sangrienta y la carencia de leyes, orden, estructura y metas claras, siguen siendo los factores que determinan el ritmo y madurez del habitat contemporáneo salvadoreño. 

¿Hasta cuándo El Salvador seguirá siendo un Estado anómico? Si tanto muerto no ha determinado un límite claro y definitivo, ¿cuál será el detonante que transforme el rumbo de una sociedad tan familiarizada al miedo y al desorden? 

¿Quién podrá defendernos de nosotros mismos, si nos hemos transformado en verdugos de nuestra propia infancia?

Autor: Ahtzic Silis

Ser niño en El Salvador.

Conozco gente de mi edad que tuvo la suerte de vivir en una «burbuja» hermética durante los 12 años de guerra civil en El Salvador. Sus padres tuvieron los medios materiales para mantenerlos al margen de las consecuencias directas e inmediatas del conflicto armado que exterminó a mas de 75,000 personas. Desconocen por ejemplo el precio que implica para la sociedad civil, de vivir una «ofensiva terrorista», un «estado de sitio», o los «toque de queda». O peor aún, nunca se dieron realmente cuenta del nivel de horror y por ende, de las consecuencias terribles de las decisiones políticas de ambos bandos en conflicto.

 

¿Por qué no? Si yo fuera padre supongo que haría lo mismo, a fin de salvar la integridad e inocencia de un hijo.

 

A mi me tocó a los 12 años ver cadáveres y buses quemados en la carretera a Usulután; o pasar noches en el piso mientras se desarrollaba la ofensiva “Hasta el Tope”; o pasar encerrado en casa de mi abuela cuando los militares salían en camiones buscando adolescentes para alistarlos a la fuerza en las filas del ejército («Andan agarrando» me acuerdo que decían); o ver mi casa en San Salvador saqueada por la Guardia Nacional; o vivir mudanzas cada determinado tiempo sin tener oportunidad de crear enlaces con mi entorno; o vivir con el temor permanente de que nos asesinaran o metieran presa a mi mamá a causa del compromiso politico de mi papá, un héroe ante mis ojos, pero padre ausente al final… Me tocó vivir un silencio macabro, desconfiando del mundo exterior. Pero eso no es nada…

 

Existen miles de niños a los que jugando les explotaron minas en la manos o en los pies; niños que presenciaron el asesinato de sus familiares y amigos; niños violados por agresores armados; niños secuestrados; niños huérfanos, prostituidos, torturados; niños sin hogar, sin escuela, sin salud; niños que fueron obligados a matar, generaciones enteras a quienes el ejército y la guerrilla robaron una infancia irrecuperable.

 

Parece que eso es la guerra mientras dura…

 

¿Entonces, por qué luego de tantos años, permitimos que más de la mitad de los niños en El Salvador vivan exactamente las mismas realidades de extrema violencia, a causa del problema exponencial del desarrollo de las maras, la pobreza, y el impresionante grado de corrupción que los sucesivos gobiernos de izquierda y derecha han demostrado, al no crear las condiciones que permitan edificar una burbuja social que abrigue a la niñez salvadoreña?

 

¿Qué democracia es posible fundamentada en la desigualdad, el empobrecimiento incautatorio de las clases populares y en la ruptura de la cohesión social?

 

Al final, lo único que TODOS los salvadoreños tenemos en común, es que seguimos adoctrinados por gentes que se resisten a un verdadero cambio, y se consideran dueños de un sistema que enriquece a unos pocos, y mantiene a la mayoría embriagada de tanta vulgaridad y mediocridad intelectual, social, económica y cultural.

 

Son esos niños que hoy no nos importan, quienes podrían salvar lo poco que nos queda de dignidad, transformar nuestra cultura de odio y cruzar los limites de la pseudo ideología que nos arrulla, para crear y mantener una riqueza cultural sólida y representativa. Nosotros no lo estamos logrando.

Autor: Ahtzic Silis

Sobras.

La elección presidencial de El Salvador de 2019 será la octava de su tipo desde la promulgación de la Constitución de la República de 1983, y la sexta desde la firma de los Acuerdos de Paz de 1992.

Durante dicho período se han fortalecido dos aparatos políticos antagónicos (ARENA & FMLN), que lejos de trabajar por un desarrollo gradual y positivo, se han repartido El Salvador a manera de finca, en un juego de monopolio en el que unas cuantas familias reinan e imponen condiciones en beneficio absoluto de los ricos a costa de la exclusión y la marginalidad de las mayorías sociales.

Ambas corrientes se nutren de ideologías de resistencia arcaicas que han supuesto, para mantenerse en el poder, que se considere al trabajador como un fracasado social y, como consecuencia, culpable de su depauperación material y su ubicación al margen de la sociedad. De ahí nace la óptica brutal que enraizada en la burguesía y la clase media, considera a los pobres como responsables de su descomposición y justifica que no progresen, que sean incapaces de educar a sus hijos, que huyan o que se maten mutuamente. Así la crisis y el agotamiento de la opción partidaria como motor de cambio, se diluye en odios y desprecios intergeneracionales, familiares, sexuales, culturales, económicos, religiosos, etc.

Cuando la culpa no es del pobre. La pobreza es la incapacidad de satisfacer las necesidades físicas y psíquicas básicas de una vida digna por falta de recursos. Situaciones como el desempleo, la falta de ingresos o un nivel bajo de alimentación, de vivienda, de educación, de asistencia sanitaria, de agua potable o de electricidad, son el resultado de procesos de segregación y aislamiento social, causados por años de corrupción y vicios partidistas y gubernamentales que tienen nombre y apellido.
 

 

El Salvador sigue experimentando uno de los índices de asesinatos más altos en Latinoamérica. El derramamiento de sangre es definitivamente uno de los aspectos culturales que nos define y nos construye como salvadoreños.

Un promedio de 93.000 homicidios han tenido lugar en El Salvador desde 1993. Estas cifras no son solamente estadísticas, son hombres, mujeres y niños que fueron asesinados en período de paz; tienen nombre, apellido, familia, una historia sin contar…

De manera general se culpa a las maras de dicho resultado mortuorio, pues es el espectro mas visible y vulnerable de la violencia. Pero siendo una de las consecuencias, se omite que la brutalidad policial, las ejecuciones extrajudiciales, la ofensiva desgastada del Estado, la corrupción evidente de todos nuestros gobernantes, el crimen organizado (muy ligado a los partidos políticos y empresa privada) y nuestro ostracismo y desprecio mutuo y antisolidario, impiden que quienes nacen en las comunidades con alta presencia de estos grupos criminales accedan a formas de vida alternativas. El callejón económico de pobreza no se soluciona construyendo « Pasos a desnivel » donde Jaguares nunca han existido. Lejos de las reformas estéticas, luchar contra las raíces sociales de las pandillas, necesita de un alivio profundo de la crisis crónica de inseguridad en el país, en donde la inversión en estrategias de prevención integral de la violencia, se convierta en promoción de alternativas económicas al crimen, la migración y al odio.

Negociar hoy con las pandillas es inevitable, para impedir que la gente se enamore de la represión y el exterminio como soluciones «rápidas y tangibles» que solo generan debilidad institucional, crisis humanitaria y se traducen en apoyo electoral que únicamente beneficia al bipartidismo obsoleto que nos polariza.

 

● Año: n° de asesinatos

1999: 2,270

2000: 2,341

2001: 2,207

2002: 2,224

2003: 2,197

2004: 2,773

2005: 3,778

2006: 3,928

2007: 3,497

2008: 3,179

2009: 4,382

2010: 3,987

2011: 4,371

2012: 2,594

2013: 2,513

2014: 3,921

2015: 6,656

2016: 5,278

2017: 3,974

2018: nos seguimos masacrando en masa…

Frente a sus mordazas, desobedece.

Por primera vez en la historia, el pueblo salvadoreño se burla claramente de sus gobernantes obligándolos a mendigar el voto, convirtiéndolos en cómicos de una "POLÍTICA" que divierte, pues lejos de convencer, es ahora una muestra triste e irrefutable del retraso social, estructural, económico, científico, tecnológico, artístico, etc. que genera nuestra cultura de odio desde la firma de los Acuerdos de Paz.

 

Acostumbrados a considerar a la gente como mercadería caduca ahogada en movimientos sociales violentos, los que un día enfrentaron grandes batallas creyéndose herederos de un poder político hoy ilegítimo (debido al uso irresponsable que hicieron del mismo), encaran en estas próximas elecciones a una nueva correlación de fuerzas, en donde las voluntades e intereses del pueblo buscan ser finalmente reconocidas y sobre todo, cumplidas por el pueblo mismo.

 

Desgraciadamente la burla, aunque eficaz, no es suficiente. Somos uno de los países más atrasados del continente, viviendo una esquizofrenia crónica colectiva enmarcada por desconfianzas en donde nunca nada está bien hecho y, lo más grave, se niega a priori cualquier posibilidad de considerar aceptables las acciones rectificadoras, sean quienes fueren los que las intenten.

 

Mientras los artistas, los intelectuales, los trabajadores, los estudiantes, los maestros, etc. no se manifiesten de manera coherente y agresiva, los abusadores del Poder seguirán desarrollando soluciones aparentes que sólo contribuyen a aumentar el desorden y la atmósfera de peligro resultantes de la alteración de la realidad, de la confusión y de las creencias delirantes, que inclusive fomentamos en nuestros niños y adolescentes, a quienes la vida que la realidad les impone les parece injusta y, peor aún, les niega un futuro prometedor.

 

Exigir de devolver lo robado no es suficiente. Es obligatorio exigir que cualquier adolescente en TODAS las escuelas públicas del país, tenga "la capacidad para deducir, extrapolar lo aprendido a cualquier situación contraria, comparar y sacar conclusiones por si mismo, para evitar que falsos dilemas entre dos posiciones radicales nos mantengan en las próximas décadas, esclavos de ideologías en donde sólo es posible afirmar: si no estás conmigo, estás contra mí".

 

Cada candidato hoy día nos advierte del peligro de votar por sus adversarios, como si no fuera hoy evidente para muchos que la crisis que vivimos, es fruto del papel desleal e indigno de TODAS y cada una de las fuerzas políticas que unicamente han cambiado de fachada o estrategia, para mantenerse y vivir cómodamente del Poder, mientras el pueblo se sigue matando mutuamente.

Autor: Ahtzic Silis

PIGS.

En un spot de internet del FMLN, se escucha al candidato a presidente, gritar lo siguiente: "Viva El Salvador, vivan los veteranos y veteranas, aquí están los que verdaderamente definieron la situación, y así como la definieron en otro momento, ahora vamos a definir juntos una nueva situación para El Salvador. Unidos los veteranos y veteranas de guerra en un solo puño para cambiar El Salvador."

 

Dejando a un lado la cacofonía y la falta de léxico del discurso populista del señor Martinez, y el hecho de que los veteranos del ejército y de la ex-guerrilla a los que tanto elogia, siguen sin obtener el pago de sus pensiones e indemnizaciones ( * ), mi rabia se focaliza en que, esos mismos dirigentes del Frente que hoy limitan el acceso a la salud y la educación de los ex-combatientes y sus familiares (muchos de ellos, numerosos niños y niñas en etapas cruciales de sus vidas forzados a luchar y asesinar), dejaron igualmente solas a miles de mujeres y familias durante los años 80, cuando sus esposos y parientes eran ejecutados en combate. Como hoy, sin vergüenza alguna, al mismo tiempo que muchas vidas se perdían en los campos de batalla, otras se dislocaban quedando viudas o huérfanas al desmantelar el apoyo económico y logístico que se les había prometido. 

 

Mientras algunos niños vivían rodeados de las balaceras, las explosiones, las masacres, la destrucción, los gritos desesperados, el dolor y el sufrimiento, otros fueron educados en condiciones de abandono, temor y desconfianza que fueron tejiendo y destejiendo las experiencias y vivencias que quedan grabadas como tatuajes imborrables en el transcurrir cotidiano de sus vidas. Estas son las generaciones del ahora, marcadas todas por una infancia que se desarrolló en medio de la zozobra, la incertidumbre y el horror. A menos que tuvieras la suerte de vivir en una «burbuja» hermética durante los 12 años de guerra civil en El Salvador, con padres que tuvieran los medios materiales para mantenerte al margen de las consecuencias directas e inmediatas del conflicto armado que exterminó a mas de 75,000 personas, tu integridad e inocencia son hoy una mierda. 

 

Veintiséis años han transcurrido, y las maneras y razones de los efemelenistas se acicalan o se blanquean en cada periodo electoral, pero como los sepulcros en el Día de los Muertos. Eso es todo. Por dentro nada mejora. Nada cambia. Somos sujetos de un Futuro Podrido y de un Régimen Político Agusanado.

 

___

 

( * ) A fines de 2015 (23 largos años luego de terminada la guerra civil), la Asamblea Legislativa aprobó una Ley de Beneficios Sociales para los Veteranos y Excombatientes, que contempla a unas 72,000 personas incluyendo a los veteranos y miembros de sus familias. Esa ley estableció beneficios de atención de salud y acceso a programas agrícolas, además de una pensión mensual y una indemnización, cuyo monto no quedó establecido. En una reforma, los diputados establecieron una pensión de $300 mensual y una indemnización de $3,000 que fue vetada por el presidente de la República Salvador Sánchez Cerén en 2018. Según informes del mismo año, un porcentaje limitado de los mismos, ha podido recibir $50 miserables dólares mensuales.

Autor: Ahtzic Silis

★ REFLEXIONES DEL TÍO CONEJO y DEL TÍO COYOTE.

 

- Puta maitro, me tronaron en el parcial de filosofía. No supe qué responder cuando preguntaron: ¿qué "somos" los salvadoreños?

- MAREROS. Somos: MA-RE-ROS.

- ¿Cómo así?

- Toda sociedad es una mezcla de majestuosidad y vulgaridad que le permite amoldarse a la historia y escribir las versiones que quiera de sí misma. La salvadoreña no es la excepción, pero a su manera se enfrenta con el desastre de todos los mecanismos reaccionarios que han creado una situación en que las opciones más "fáciles" para mejorar económicamente, son delinquir o emigrar. La violencia y el caos nuestro no se inventan: MAREROS SOMOS TODOS, nuestra chusmería y mediocridad provienen también de lo que somos estructuralmente como pueblo.

- Sí, pero yo no soy marero.

- (Suspiro…) Para no echarte el gran rollo y dejés de estar jodiendo, solo te diré que el salvadoreño tiene mentalidad de marero, porque sus creencias y costumbres, que son las que luego definen sus actos, se expresan así: el salvadoreño NO cree en sus semejantes y navega por la vida con bandera de pendejo. Eso, en esencia, es tener mentalidad de marero.

- ¿Bandera de pendejo? o sea ¿orgulloso de ser pendejo?

- No, me refiero a que finge ser así... O sea, él asume una actitud específica para sortear su vida de la manera más chiche, más disimulada, más libre de responsabilidades y compromisos, nivelando siempre para abajo, etc., ¿y que actitud es esa? Pues como dice el dicho de pueblo: "actuando como humilde con uñas". A la primera oportunidad de obtener ventaja saca su lado mezquino, miserabilista y alcanzativo. Eso es navegar con bandera de pendejo, es decir, comportarse agachando la cabeza para que le tengan lástima, condescendencia o indiferencia, pero contraponiendo, cuando le conviene hacerlo, su habilidad de acechar como un tigre avezado y luego lanzarse sobre sobre su presa con saña y violencia. Así, en este estado de duplicidad, nos diluimos entre uno: la cómoda sumisión que se pliega al ORDEN sin oponer ninguna resistencia (pues el ORDEN facilita la falsa impresión de que "aquí no pasa nada"), y dos: la conducta sociópata carente de conciencia, remordimiento o culpas, que nos aleja del anhelo de bienestar colectivo (o sea, fomentamos un patrón valeverguista de desprecio general y de violación de los derechos de los demás, tejiendo así una compleja red de violencia que nos mantiene subyugados y paralizados desde hace décadas). El verdadero peligro viene cuando uno o varios de estos sociópatas se desesperan: el terror se impone como única forma de existencia.

- ¡JUELAFOC!!

- ¿Para dónde vas??

- A hacerme el pendejo en la cafetería mientras espero el bus…

- Perate, te acompaño.

...

- ¿Me regala dos frescos por favor?

- Yo creo que la mentalidad ladina del salvadoreño es la causa de su ética marera. Cuando esa mentalidad chocó con el muro de basura del American Way, produjo, como uno de tantos escombros, lo que hoy conocemos como las maras. No es una casualidad que de todos los inmigrantes, fueran los salvadoreños quienes con su resistencia y su furia, impusieran su ley y su orden en el universo tan complejo y violento de las pandillas en Estados Unidos, a tal punto que hoy día, las maras controlen barrios enteros dentro y fuera de nuestras fronteras.

- Por eso le digo, mareros somos todos, eso nos identifica. Da miedo verse reflejado en ese espejo fúnebre y pestilente. En ese nicho mortuorio TODOS estamos hacinados. ¡TODITOS! Cuarenta años han pasado y las causas estructurales que originaron el conflicto armado no se han resuelto totalmente, pues lastres como la pobreza, la impunidad, la crisis económica y la inseguridad siguen lastimando a la población en general. Nuestro país se encuentra pagando el precio de no haber seguido el rumbo que trazaron las negociaciones de los acuerdos de paz, cuyos compromisos siguen incumplidos, ni siquiera adaptados y por ende incapaces de hacer frente a las nuevas formas de violencia, exclusión y generación de miseria criolla. Incontestablemente el problema persiste y ocultarlo con las promesas de los mismos de siempre no resuelve un carajo.

- Los asesinatos diarios han disminuido. Pero el rollo este de las maras, el miedo, la violencia social, no desaparece.

- Ni desaparecerá. Ver reportajes guarros en la tele de escuelas públicas tri hechas mierda, donde en lo que va del año ya van tres o cuatro bichitos asesinados, donde los profesores están siendo extorsionados, los cipotes desertan y para variar entran a saquearlas, me hace pensar que este bolado es una bomba de tiempo.

- Hay proyectos sociales buenos, pero a quién le importan. Son muy pocas las oportunidades que tendrán las nuevas generaciones para sacar nuestro país adelante, para impedir que sea un legado de terror el que se convierta en la fachada definitiva y absoluta de nuestra cultura.

- Hablando de cultura, a mí particularmente me gusta la estética del mal. En más de una ocasión, he oído a nuestros "intelectuales", que esos libros de fotos, sobre tatuajes de mareros salvatruchos y dieciochos, son una basura. Yo no pienso igual. A mí me gustan. Al final, creo que eso de tatuarse, sobre todo la cara, es algo bien tribal. Como dice el chiste: "Las mujeres son como los indios, porque cuando se pintan es porque quieren guerra". Los mareros, en algún sentido, se metían a eso porque querían estar en guerra toda su vida. Al menos creo que así era antes. Hoy no sé. Probablemente la solución a nuestro caos se encuentre tras el significado que se oculta en esos tatuajes, en lo que dicen acerca de qué cosa es lo que gobierna su conducta: odio, idiotez, estrategia, distopía, supervivencia, conflicto, muerte...

- Con o sin tatuajes, los asesinatos están por todas partes. La guerra, por inercia, exigía menos calidad en el gobierno, pero, una sociedad democrática que pretende "vivir en paz", necesita de nuevas formas de hacer política de interés nacional, que le restauren su Gloria y la vuelvan menos mezquina, brutal, humillada y corrupta. Las leyes que deberían de proteger nuestros intereses comunes como pueblo, tienden a arrinconarnos contra el muro de los beneficios y las ventajas que solamente se adjudican los poderosos e incompetentes dirigentes, funcionarios y empresarios de nuestro país. La ignorancia y el obscurantismo sembrados pacientemente durante tantos años de malos gobiernos (sumados a la apatía y flojera colectiva), han dado como resultado una raza de ciudadanos dedicados a saquear lo poco que nos va quedando de orgullo y fortaleza.

- Tendríamos que comenzar a redefinir nuestra Historia y con ello, lo que realmente nos define como salvadoreños.

- Si el asesinato, el desprecio, la burla y la chabacanada son aspectos que nos determinan culturalmente, podríamos afirmar que nuestra chusmería es de carácter estructural y de filón histórico. Ja,ja,ja, qué novedad...

- A webo... A mi juicio es la historia de la posesión de la tierra en El Salvador, el factor decisivo para entender el origen y desarrollo de nuestra mediocridad. Junto a la sobrepoblación y nuestros pobres marcos institucionales, así nos enfrentamos tristemente al escenario del que penden nuestras miserias como marionetas. Un ejemplo: en 1981, el Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada, ordenó la ejecución de tres personas que estaban dentro del hotel Sheraton. Intentaron culpar a la oligarquía de estos homicidios, pero no pudieron. Uno de los asesinados fue José Rodolfo Viera, el presidente del ISTA y encargado de implementar la reforma agraria. Los otros dos cadáveres eran de estadounidenses que trabajaban para el Instituto Americano para el Desarrollo del Sindicalismo Libre. Ese instituto no era de izquierda, sino que de derecha pro-patronal. Uno de los puntos de agenda de ese instituto era apoyar las reformas agrarias que eran diseñadas desde los Estados Unidos para distintos países del mundo. La persona que diseñó nuestra reforma agraria se llama Roy Prosterman. Es un tipo muy listo. Aún está vivo.

Pues Rodolfo Viera criticó a los militares por su actitud frente a la reforma agraria. Obviamente, los intereses económicos de los miembros del estado mayor, salían perjudicados con ella. El resultado de levantarles la voz fue que lo acribillaran. Estados Unidos se hizo del ojo pacho y le siguió mandando billetes a El Salvador. Si no es con zanahoria, va a ser con garrote que este montón de proto-mareros van a agarrar camino. Mi punto es, que éste hecho mínimo de nuestra historia, refleja de donde venimos. Da miedo. Son tantos hechos entrelazados, conspiraciones, agendas, antecedentes, circunstancias, que no hay forma inequívoca de encontrarle una explicación a este despije.

- ¿Nos enfrentamos a una guerra de territorios sin fin?

- Al no tener ninguna herencia cultural concluyente, el salvadoreño crece con la convicción y la certeza de que lo "poco" que tiene, debe "defenderlo" aún por encima del bienestar colectivo: "si no es mío, no será de nadie".

- Señalar y aceptar la mendacidad del salvadoreño, del humano, que busca salvar sus cagadas históricas con la mera búsqueda de dinero y la panacea del desinterés y el olvido, sería un buen punto de partida para el cambio que necesitamos.

- Tal vez, pero existe el riesgo de terminar como Viera. Lo cierto es que la cultura de masas y la mentalidad de marero del salvadoreño van a lograr que todo se vaya al carajo. O que siga igual. Que es peor…

Autores: Ahtzic Silis y Vankiep Silis.

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